Un edificio centenario en el corazón de Entre Ríos que guarda la memoria de una familia, un almacén y un pueblo. Hoy, ese patrimonio cobra nueva vida.
En la zona conocida antiguamente como "Empalme Neil", hoy Villaguay este, se erige una casona con más de cien años de historia: la Casa Mallarini. Hacia abril de 1921, un lugareño llamado Alejandro Cruz Mallarini adquirió un predio en esa zona y meses más tarde construyó un local destinado a negocio, pieza, baño y cocina.
En aquella época, el edificio de material —de fachada sencilla, aberturas altas y piso de ladrillo— era un signo inequívoco del progreso. El 3 de julio de ese mismo año su propietario inauguró allí un almacén de ramos generales que, por ser único en las inmediaciones y por su cercanía con la Estación del ferrocarril, atravesaría años de mucha prosperidad.
El almacén era mucho más que un negocio: era un espacio de tertulia, "un centro de reuniones, de intercambio de noticias y arreglo de negocios", según relata un documento del Museo Histórico Municipal. Don Mallarini incluso administraba y pagaba los jornales de los hacendados de la zona, quienes luego le retribuían por el servicio.
Don Alejandro se casó con María Polonia Ghiglione, y allí en esa casa tuvieron a sus tres hijas. En 1960, ante su fallecimiento, lo sucedió su esposa, aunque falleció pocos años después, en 1966. A partir de entonces, Aída Beatriz —conocida en el barrio simplemente como "Doña Mallarini"— asumió al frente del lugar.
Hacia 1969, aprovechando la proximidad con el tren y a partir de una propuesta de los vecinos, se instaló en el almacén una estafeta postal, que tuvo a Aída como encargada hasta su jubilación en 2005. En 2013, tras años de gestión familiar, la Casa Mallarini cerró definitivamente sus puertas. La casona permaneció en silencio, con sus altos muros como testigos de todo lo vivido.
Un centro de reuniones, de intercambio de noticias y arreglo de negocios
— Museo Histórico Municipal de Villaguay
La misma fachada que vio pasar generaciones de villaguayenses, restaurada y puesta en valor. El pasado y el futuro conviven en cada pared.
Las obras de restauración buscan recuperar tejuelas, tirantes y todo aquello que permanece en buen estado. Se desmontaron pisos deteriorados y se inició la reposición del contrapiso. Se proyectan muy pocos cambios estructurales en la parte antigua, con la intención de preservar el estilo original al máximo, incorporando aberturas de época y asegurando la estructura donde sea necesario.
El proyecto fue impulsado por un grupo de emprendedores villaguayenses, haciendo de este emprendimiento una iniciativa netamente local. En el lugar funciona hoy Flor de Lis, brindando el servicio de cremación que la ciudad y las localidades aledañas de Entre Ríos necesitaban.
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